Manal Tamimi. Activista de Nabi Saleh, Palestina// La ocupación es un equivalente a matar la esperanza, es un nombre para la pérdida de la seguridad bajo la justificación de la seguridad, se trata de asesinar los sueños, incluso antes de que se sea capaz de soñarlos…
Mi nombre es Manal Tamimi. Soy de los Territorios Palestinos Ocupados.
Desde que era una niña pequeña vi a las fuerzas de ocupación israelíes atacando mi pueblo, por razones de seguridad. También la detención de mi amado bajo la misma justificación… como mujer es muy difícil vivir bajo tales circunstancias, especialmente cuando se sabe que somos consideras personas que están poniendo en peligro la seguridad de Israel solo porque somos palestinas.
Mi pueblo, Nabi Saleh, se resiste a la ocupación a través de la organización de protestas noviolentas semanales. Debido a eso, a mí y a muchas otras mujeres de la aldea, se nos niega el disfrute de nuestros derechos. Durante el Ramadán, (nuestro mes sagrado) nos negaron el permiso para ir a Jerusalén a orar. Algo que yo no podía entender, ¿cómo a través de la práctica de nuestras oraciones o visitando nuestros lugares sagrados podíamos ser una amenaza para la seguridad de Israel? ¡Es solo una oración! Además, hace poco se me ha negado incluso ir al consulado italiano en Jerusalén para solicitar mi visado y poder viajar a Italia.
Una de las experiencias más difíciles que enfrentan las mujeres palestinas es cuando no se les permite visitar a su padre o marido en las cárceles israelíes. Las fuerzas de ocupación israelíes justifican este rechazo diciendo que no hay ninguna relación entre la mujer y su marido porque el nombre del padre no es el mismo… Pero decidme: ¡¿Cómo va a ser el nombre del padre de una esposa y un marido el mismo?!
Y, por supuesto, una vez más, la razón de seguridad es utilizada…
A pesar de todas estas violaciones, tratamos de vivir nuestra vida lo más normal posible. Sin embargo, lo peor es cuando la justificación de la seguridad se utiliza para acceder al interior de nuestra casa, mientras estamos durmiendo, amenazando a nuestros hijos en sus camas… Es la peor pesadilla que cualquier madre podría vivir, cuando ve a su hijo siendo despertado en medio de la noche por los soldados enfurecidos (o incluso soldados asaltando casas sólo por diversión), esposado y con los ojos vendados por razones de seguridad …
Ser una mujer palestina significa vivir con el miedo día en día, significa renunciar a las esperanzas y a los sueños, ser una madre palestina significa tener que vivir el dolor de perder a un hijo o esposo, a un hermano o a un padre cada minuto de tu vida. Todo este sufrimiento se vive solo por ser una palestina, en primer lugar, por ser mujer, en segundo, y, en tercer lugar, por significar una amenaza a la seguridad de Israel.
Ninguna mujer en todo el mundo aceptaría vivir este tipo de vida.
Somos simplemente personas normales que tratan de vivir una vida normal, para disfrutar de nuestra libertad.
Nuestros hijos no son terroristas, no son más que niños que tratan de vivir su infancia. Nadie tiene derecho a robar nuestra seguridad en el interior de nuestros hogares bajo esta falsa ilusión. Llaman seguridad a lo que debería llamarse amenaza… ¿Quién tiene el derecho de decidir lo que puede ser considerado razón de seguridad o que las personas sean consideradas como personas peligrosas?
Las fuerzas de ocupación no tienen derecho a decidir, no tienen derecho a poner en peligro la paz y la seguridad de los civiles que viven en los Territorios Ocupados y justificarlo bajo excusas irreales.
Esta demostración de fuerza conduce a la decepción que, a su vez, conduce a la violencia. Si quieres sentirte seguro brinda seguridad a los demás; si quieres justicia para alguien, haz justicia para todos; si quieres disfrutar de la libertad, ofrece a otros su libertad. De lo contrario, todo el mundo, en ambas partes, va a vivir una vida imposible e insegura.








