Egipto. Mayor país del mundo árabe. Mantiene relaciones multilaterales con Estados Unidos y es frontera con Israel y Gaza. País exportador de cultura y formas de hacer para los países de la región. Ahora, Egipto es la muestra de las transiciones convulsas. Su proceso democrático ha dado un vuelco con la deposición forzada del presidente electo Mohamed Mursi y la entrada del ejército como garante transitorio del control social y político. La plaza Tahrir ha vuelto a ser protagonista, dos años después de convertirse en icono de la denominada primavera árabe.

© Foto: EFE/El Cairo
Thais Bonilla // El domingo día 30 de junio las calles de todas las ciudades de Egipto se llenaron en una manifestación que congregó a más de 20 millones de personas, una movilización jamás vista previamente. Arengados por el Movimiento Tamarrud (Rebelión), que inició una campaña en el mes de mayo, pedían la dimisión del presidente de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi, por no favorecer una sociedad inclusiva y redactar una Constitución que no evidenciaba las demandas de la población.
Tras varios días de movilizaciones, el comandante en jefe del Ejército, Abdel Fatah al Sisi, anunció la destitución del presidente Mohamed Mursi, elegido democráticamente por 13 millones de egipcios y egipcias en junio de 2012, un 51% de la población, y la suspensión de la actual Constitución, designando así a Adly Mansour como mandatario interino.
Casi simultáneamente se emitieron 300 órdenes de detención contra los líderes de los Hermanos Musulmanes y se suspendió la emisión de televisiones como Al-Jazeera. «Estas medidas nos hacen retroceder a la oscura época de Mubarak, cuando se prohibían partidos políticos y los Hermanos eran arrestados en masa», ha advertido Heba Morayef, directora de Human Rights Watch en Egipto, en una declaración recogida por eldiario.es.
Desde Europa, existe una inquietud compartida proveniente de que el ejército se haya erigido con el poder, sobre todo, teniendo en cuenta su amplio historial de represión durante las revueltas de 2011 y su papel durante la dictadura de Hosni Mubarak. “La situación es compleja. Hemos visto que no hay un Estado civil real y que el Estado sigue militarizado. El verdadero problema de Egipto es el poder de los militares en las bambalinas y su dimensión social”, apunta Laura Fernández, periodista en Jordania y miembro de organizaciones de la sociedad civil. Por su parte, la periodista catalana experta en movilizaciones sociales en los países árabes, Lali Sandiumenge, se muestra preocupada “porque las consecuencias son inciertas” y habla de “un golpe militar, pero promovido de alguna forma de manera popular”. Y es que son muchas las personas que afirman que el Ejército no habría dado el paso actual si no hubiera sido testigo de la gran movilización social contra los islamistas.

© Foto: Azza Fadaly / Egyptindependent.com
Sin embargo, el periodista Iñigo Sáenz de Ugarte, especializado en Oriente Próximo, habla directamente de golpe de Estado: “¿Destitución del presidente electo? Hecho. ¿Suspensión de la Constitución? Hecho. ¿Elección de un nuevo presidente a dedo? Hecho. ¿Elogios superlativos del Ejército como fuerza clave en la sociedad? Hecho. ¿Promesa vaga y sin fecha de nuevas elecciones? Hecho. ¿Blindados y soldados en las calles para mantener el orden? Hecho. ¿Detención de los líderes del partido en el poder? Hecho. ¿Cierre de los medios de comunicación contrarios al golpe? Hecho. Los militares han rellenado todas las casillas necesarias”.
Asimismo el periodista inglés del The Independent, Robert Fisk, escribió: “por primera vez en la historia mundial un golpe de Estado no es un golpe de Estado. Estas palabras no saldrán de los labios del presidente de los Estados Unidos (EEUU), Barack Obama, ni del secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon. No lo harán porque son millones de egipcios los que demandan justo este Golpe de Estado, aunque no le llaman así, por supuesto”. El periodista británico, antiguo corresponsal y experto en países de Oriente Próximo, también saca a la palestra la estrecha relación del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas egipcias y el gobierno estadounidense, apuntando a la subvención de más de 1.300 millones de dólares que anualmente ofrece EEUU al Ejército, que perdería si la acción se calificara como golpe de Estado–por añadidura a las posibles sanciones internacionales-, o destacando el control que brinda Egipto en relación con Israel a los EEUU.
Reacciones divididas en los países vecinos
Mohamed El Baradei, premio Nobel, líder de la oposición liberal egipcia y posible nuevo presidente de Egipto, declaró que el golpe militar había relanzado la revolución de 2011 que derrocó a Hosni Mubarak. Afirmación que parece sugerir la legitimidad del uso de la fuerza armada. A ambos les une su oposición a Morsi;sin embargo, ¿qué pasará después? “Si las fuerzas opositoras cumplen sus idearios deberían hacer una limpieza completa de los militares y la policía. Esa limpieza podría empezar a tocar los privilegios del Ejército… ¿Lo permitirán?”, reflexiona la periodista Laura Fernández.
El Ministro de información de Siria declaró, en las horas previas a la deposición de Morsi, que «la crisis de Egipto se puede superar si el presidente se da cuenta de que la inmensa mayoría del pueblo egipcio lo rechaza y piden que se vaya», apoyando así la acción del ejército egipcio y considerándolo «profundo cambio histórico». Una declaración que debe entenderse además en el contexto del conflicto en Siria, puesto que los Hermanos Musulmanes son una de las facciones más potentes que dan apoyo a los rebeldes en la lucha para derrocar a Bashar-al Assad.
Por su parte, el monarca de Arabia Saudí, Abdulah bin Abdolaziz, fue de los primeros lideres internacionales en apoyar al nuevo Gobierno interino egipcio. Del mismo modo actuaron los gobernantes de Emiratos Árabes Unidos y de Jordania. Al contrario, Qatar ha mostrado, desde el inicio, su apoyo al régimen islamista de los Hermano Musulmanes, pero ha sido Turquía el único país que se ha mostrado totalmente contrario al derrocamiento del Presidente.
La Comisión de Seguridad Nacional y Política Exterior de Irán apuntó a la “gestión errónea de los Hermanos Musulmanes” como causante de la situación actual. Por el momento, Israel no se ha pronunciado al respecto, presionado por sus intereses geopolíticos en la zona, y la sociedad civil Palestina aplaude la movilización social pero no ve con buenos ojos la injerencia de las Fuerzas Armadas.
Desde la Franja de Gaza, la sociedad civil lamenta que una vez más, sean los hombres y mujeres que viven allí quiénes paguen las consecuencias de los cambios políticos de sus países vecinos. El paso fronterizo de Rafah, desde su reciente apertura tras la caída de Mubarak, era la única salida para la población palestina residente en Gaza, desde el bloqueo Israelí en 2006. Tras haber declarado el ejercito egipcio el estado de emergencia, el paso ha sido cerrado hasta nueva orden, empeorando aún más la crisis humanitaria de la ya de por si vulnerable población gazawi.
Los derechos humanos deben prevalecer
Golpe de Estado o no, es necesario garantizar el Estado de Derecho y proteger los derechos y libertades de ciudadanos y ciudadanas, evitando la represión y favoreciendo que la transición democrática sea la verdadera protagonista del futuro del país árabe. Para ello, es necesario fortalecer los aparatos democráticos propios del Estado de derecho y redactar una Constitución que respete y priorice la defensa e igualdad social. De esta forma, se sortearía además el peligro de que la situación derive hacia la guerra civil.
Por el momento, las movilizaciones han causado ya cifras elevadas de muertos. Como ha ocurrido en la última manifestaciones convocada por los Hermanos Musulmanes contra el ejército junto al cuartel general de la Guardia Republicana, donde han fallecido 42 personas y 300 han resultado heridas. Enfrentamiento que ha provocado la llamada a una Intifada (rebelión) por parte de aquellas personas contra el ejército y el derrocamiento de Mohamed Mursi. Mientras, El Baradei reitera que «la violencia engendra violencia y debe ser fuertemente condenada. La transición pacífica es la única manera».
*NOVACT realizó el pasado mes de junio un taller con activistas involucrados en la lucha por la justicia social en Egipto, utilizando sus experiencias y luchas para hacer el aprendizaje significativo para todo el mundo y mejorar las organizaciones para el cambio social.








